Buenas...
Hoy que llueve y tengo algo de tiempo quisiera compartir con los amantes de las rutas a caballo una salida que hicimos 4 jinetes y una amazona durante el mes pasado y que fue lo más salvaje que he hecho hasta ahora.

Desde que mi mujer andaba buscando caballo me dediqué a salir solo pero también a buscar compañía para no salir siempre solo, así he ido conociendo a gente de a caballo. Jaime hacía tiempo que quería volver a subir al Matagalls, que es uno de los tres picos del macizo del Montseny (1.697 m.) y organizamos la ruta, ya sabéis lo que suele pasar, se apuntan 12 y a la hora de la verdad quedamos 5, Jaime con dos de sus hijos, Kike, (el gaucho de las fiestas gauchas) y un servidor.
Como el punto de partida era La Granja Escuela de Santa Mª de Palautordera (unos 20 km. desde mi casa, salí el Jueves por la noche para llegar a Can Vila (Vallgorguina) acompañado la mitad del camino por Jaime con su caballo criollo Tango que nos vinieron a esperar a mi caballo y a mi en el bosque de Can Carcasses. Así mi caballo se quedaba a pasar el Viernes en Can Vila y salíamos por la tarde los cuatro desde Vallgorguina hasta Santa Mª de Palautordera en donde nos esperaba Kike con las cuadras preparadas.
El Sábado preparabamos a los caballos bien temprano y amarrábamos los bultos que colgaban de las monturas por todas partes, bueno, al menos en algunas, Jaime y sus hijos, que ya tienen experiéncia, no se porqué pero parecia que llebaban menos cosas, todo les cabia en las alforjas y la grupera. Luego supe que llebaban más equipo que yo, más eficaz y más liviano.

Enfilamos rumbo N.O. hacia el Pla de la Calma (1.244 m.) prácticamente en linea recta, cruzando algún puente, alguna carretera, siguiendo a veces el tendido eléctrico aprovechando sus abandonados caminos para llegar hasta arriba siguiendo las torrenteras hechas por la erosión del agua, menos mal que no llovió hasta después.
Es preciso que comente que aparte de llevar 2 kg. de pienso por caballo y dia, los caballos comieron durante todo el viaje, cada vez que parábamos por algún motivo (algo que se cae, orientarse, mear, etc.) los caballos comían verde y a menudo parábamos un instante para que comieran sobre la marcha, por supuesto que les dejábamos comer en ruta. También es vital que beban agua cada vez que se presenta la ocasión, a veces se tardan horas en encontrar agua en el camino.

Petiso, el caballo que llevaba Kike, tubo remilgos para beber en un estanque que encontramos después de unas buenas horas de camino, todos los caballos saciaron su sed menos Petiso, lo tendríais que haber visto al cabo de un rato, se bebía el agua de los charcos, como los demás, se le quitaron los remilgos a la fuerza, la necesidad obliga.
Durante las cuestas finales del Sábado alternamos a caballo y a pie, entre otras cosas porque una posible caída con el caballo en tales pedregales con ese desnivel podría ser jodida, además de que no se puede agotar al caballo el primer dia sabiendo que al dia siguiente le espera más trabajo y tan duro o más que el tramo de las torrenteras, fueros varias horas de desafíos esquivando piedras y ramas de los que van delante. A ratos, Kike se colgaba literalmente de la cola del caballo para no cansarse al caminar, bueno al trepar, era algo muy cómico ver al gaucho agarrado a la cola como si estuviera haciendo rápel pero para arriba.

Al llegar al Pla de la Calma se puso a llover, ¡¡ rayos y truenos !!, Jaime y sus hijos sacaron unos flamantes chubasqueros y unas fundas con lo que quedaron resguardados ellos y el equipaje, mientras mi amigo Kike y yo nos poníamos encima nuestros precarios chubasqueros, el mio lo cojí en casa del cajón de las cosas de excursión de los críos y ni siquiera lo saqué de la funda, luego descubrí que tenía mini-mangas que me llegaban solo al codo y no podía impedir que se mojara el equipaje; mientras tanto Kike se iba calando por un agujero que tenia su chubasquero de pescanova en la espalda y por supuesto también se le mojaba el equipo. ¡¡ Vaya tela !!

Después de un par de horas o tres, llegamos a Coll Formic, que está al pie del pico del Matagalls y era el punto de partida para la ascensión del dia siguiente. En Coll Formic descubrimos que hay un restaurante y además tenía un porcho perfecto para atar a los caballos a cubierto y si no pasar la noche, al menos cenar algo caliente antes de acampar y descanso a los caballos. Nos consintieron dejar allí los caballos pero solo hasta la hora de cerrar y por supuesto que antes nos echaron de cenar, nunca nos comimos unas patatas fritas con huevos tan ricas. Después paró de llover y buscamos un lugar para pasar la noche, montamos tiendas, calentamos sopa, pusimos pienso a los caballos y quedaron atados toda la noche.

Lamentablemente Kike y yo estábamos chorreando y los sacos también, dormimos mojados y sobre mojado, pero que digo, dormir es un decir, no podíamos dormirnos, compartimos tienda y estábamos de cachondeo, no se podía dormir así, mientras los otros tres dormían sequitos en sus supertiendas de alta montaña con sus supersacos de plumón de no se que pájaro pero la cuestión es que abultaban como una madeja de lana y luego resulta que protege hasta un montón bajo cero, llevaban prendas de la NASA, decíamos en coña. No les dejábamos dormir y sin embargo no decían nada por miedo a que les quitáramos las tiendas. Ese dia estuvimos 8 horas encima de los caballos, descontando las paradas.
Antes de las 6 de la mañana, Kike ya estaba dando por saco, ¡¡ ostia con el gaucho !! no me atrevía a salir de la tienda pero no se estaba muy bien dentro tampoco, Kike insistía, decía: - venga, salimos, damos unos córcovos y entramos en calor, vamos a darles de comer a los caballos, ¡¡ va venga !! joer con el gaucho, ya empezamos con el cachondeo, aun no había amanecido y ya andábamos funcionando y despertando a los otros un poco a gritos para fastidiarles por la envidia que nos daban. Desayunamos mientras lo hacían los caballos, recogimos el campamento y en ruta de nuevo, tocaba subir a la cima del Matagalls y bajar por el otro lado dando un rodeo que aumentaba el recorrido del viaje de vuelta pero lo hacia más "suave".
La ascensión desde Coll Formic fue muy empinada pero no tan dura como la del día anterior, primero es un camino ancho y cómodo, luego un sendero a veces muy estrecho pasando por collados con mucho viento pero con unas vistas increíbles, la vegetación va siendo escasa en las lomas y los árboles toman esas formas extrañas como si fueran bonsais, el viento los va moldeando y les hace adquirir formas realmente grotescas. En los pasos complicados algunas veces bajamos de los caballos, otras confiamos en su habilidad para negociarlos y en los peores casos ayudamos a nuestros porteadores a poner los pies en los puntos más seguros para evitar despeñarnos o resbalar peligrosamente. Llegamos a la cima del Matagalls, menudo ambiente que había allí, no estábamos solos ni mucho menos, había al menos 20 excursionistas al lado de la cruz que corona el pico, muchos almorzando y yo muerto de hambre pero no hicimos más que parar unos instantes y emprendimos el descenso.

Descendimos por un sendero a través de un bosque de hayas que baja hasta Sant Marçal (entre otras cosas hay un fuente y los caballos llevaban sin beber desde el día anterior). Aquello era una peregrinación, demasiada gente, en algunos puntos no podíamos pasar todos a la vez, caballos y personas. Bueno, llegamos a Sant Marçal y los caballos saciaron su sed y fue entonces cuando le metimos mano al conejo con verduras y setas que mi mujer me había preparado y aun no lo habíamos probado, comimos de pie con los caballos de las riendas y echando unos placenteros tragos de vino de rioja que llevaba en una botella de plástico (a falta de una buena bota). Jaime insistía: - vamos, venga que falta mucho para llegar al rio y allí pararemos un rato.

El descenso se complicaba por momentos, hubo que pasar por el bosque para evitar un rodeo de 15 km. por carretera, lo malo fue que había lugares por lo que se podían despeñar los caballos, pasos difíciles entre rocas y troncos en los que los caballos demostraron de lo que están hechos, nos apeamos por el peligro real que teníamos delante y fuimos pasando ramaleando a los caballos vigilando en donde ponían los pies porque ellos son muy brutos y a veces parece que no les importa resbalar, se confían mucho de sus posibilidades y de sus herraduras con vidias pero no son conscientes del peligro de un resbalón en según que momento y lugar. Para minimizar el efecto de la caída de un caballo sobre el que va delante nos distanciamos unos 5 m. entre nosotros, mi caballo cayó solo un par de veces y vi caer algunas más a los caballos criollos de Jaime y sus hijos, el caballito Petiso de Kike también caía y resbalaba más que los otros porque no llevaba vidias.

Otra dificultad fue un árbol caído que nos cortaba el paso y no teníamos opción de rodearlo por las pendientes a ambos lados. En este punto, R.F. el hijo de Jaime sacó un serrucho plegable de las alforjas ante el estupor de Kike y un servidor que, observamos incrédulos como el Rambo de Vallgorguina serraba el tronco y eliminaba el problema, así da gusto hacer rutas, con semejante personal yo me iría a dar la vuelta al mundo a caballo, he de hacer mención a la componente femenina del grupo A.F., hija de Jaime, que nunca se quejó ni se arrugó ante las dificultades, vaya tela con la chica, superaría a muchos hombres en esas circunstancias.

En el rio hicimos una buena parada, descanso, comida y agua, nos asistió en ese punto la mujer de Jaime, que acudió con su otra hija y con unas empanadas y otros manjares, allí Kike me improvisó un estribo que SE ROMPIÓ hecho añicos contra las rocas en el descenso de Sant Marçal (hice alguna foto). Como cosa curiosa quisiera contar como pasando uno de los torrentes, mi caballo, que siente mucha aprensión por pisar el agua, decidió saltarse el cauce en logar de pasar andando como todos, no me lo esperaba y la verdad es que me sorprendió a mi y a todos, menudo salto. Luego del descanso continuamos el retorno trotando y bajando al paso también pero mayormente al trote, llegamos a Santa Mª de Palautorera a las 10 de la noche después de 12 horas encima de los caballos y descontando los descansos. Jaime y sus hijos continuaron el viaje hasta Vallgorguina a Can Vila, les va la marcha, mucho.

Al dia siguiente fui a por mi caballo y Kike me acompañó con 8 jinetes y amazonas de la Granja Escuela hasta Vallgorguina, una excursión de 2 horas muy placentera. Dejé mi caballo en Can Vilá como a la ida y al otro día lo fui a buscar para ir a casa, bueno otra noche porque me lo llevé a las 8 de la noche con una hermos luna casi llena que puso el broche final a una aventura digna de los más intrépidos exploradores del Wild West.


Aquí hay más fotos:
http://picasaweb.google.es/anaydafc/Mon ... tubre2009#Y esto es la forma de montar de las chicas de la Granja Escuela, alumnas de Kike montando un anglo-árabe que hace dos años era imposible montar porque tiraba a todo el que se subía.

Saludos,
Rocky.